MI ESTRENO DE CUENTACUENTOS

Hoy, ante 256 niños de Primaria y sus maestras, comencé mi carrera de cuentacuentos. Olvidé tomar una foto, pero su recuerdo lo tendré presente en mi memoria.

Me elevo y me erosiono

Me elevo y me erosiono
como una esfera roja y profunda
que aspira el cosmos y se dilata
y gime y te espera
en la escalera eterna de tu nombre
que es sonrisa y transparencia
Fernanda...
de piel naranja

de almidonadas caricias
de sábanas aguerridas
de manos seductoras
de canciones que suenan alto
en volúmenes milimétricos y profundos que hablan idiomas nocturnos
que suenan como campanas, como grillitos a media noche y a media cama
que corrigen mi sueño y mi andar amoroso:
las plumas con las que te alcanzo en pleno vuelo nupcial y te entretejo
las mismas plumas con la que te escribo y te cobijo
Fernanda...
porque tú eres la fábula y el verso
la doble palabra de una mujer desnuda
que me promete una segunda noche
igual
como se ofrece una segunda taza de café
que no es otra cosa que la permanencia
la insólita forma de crecer
de agarrarse un muslo, un seno
la perfecta forma de hallarse en el otro
como en casa
como en el alquilado espacio donde se habita
esta noche potosina en que te pienso y te alcanzo
en un instante
y te regalo unas palabras que son mi sustento
y tu azar y tu memoria
porque sin ti, sin tus labios
sin los alaridos de tus roces
la noche, las estrellas
no serían mas que un invisible y milenario manto sin sentido

Acá están las calles desnudas

Acá están las calles desnudas
—todas las piedras son signos—
de lo que hablamos
y anduvimos
Cada adoquín pronuncia tu nombre
retumba tu sombra en las callejuelas
en las tercas avenidas
en el sonido catedralicio
¿Son las ciudades
nuestros álbumes fotográficos?
¿Son los paisajes
la escenografía de nuestra memoria?
El viento se repite caprichosamente
v i e n e d e n u e v o (se repite)
Viene de nuevo a ocupar mi cama
me instruye me incita me provoca
Elaireesunadeclaracióndeamorpuestaentuslabios
la ropa sigue siendo el atajo para llegar al placer
y contagiarlo
En este espacio no hay Norma ni Derecho
sólo la imaginación amorosa
sólo las inquietas sombras que me diste
los indecibles hechos en que me amaste
Acá solamente existe y hay la presencia tuya
Los siglos de estas paredes
rezan tus gemidos
la cama vuela magistralmente
se sacude la pereza
de una habitación a otra, de un mundo al otro
Mientras tú gimes
y te das vuelta
para que ame el otro extremo
de la luna
Como si el mar estallara
en olas gigantescas
en agigantadas sombras
y voluminosas aguas
para que unas gotas alcanzaran su presencia
«La luna mojada por el mar» se llamaría
esa imagen de cabecera
De pezón a pezón
nuestro sexo
nuestras lenguas góticas

Me maravilla

Me maravilla
aislarme del mundo
en un breve clic O en un efímero hola

Me maravilla hallar lombrices junto a mi regadera
la forma de las güilas y el aroma de los lápices
y el ruido de mi cabecera

Estoy ahondando en las felices cosas
hechos simples que me rodean
que son bastiones de lo distinto

La vida me sabe a caramelo
los días son ventanas por donde entras
y me perfumas

Mientras yo permanezco quieto
viviendo el amor a montones y en silencio
La quietud y el silencio son los dones del deseo

Estoy feliz de tener agua caliente
y chocolates y de que dos músicos vengan
por la mañana a verme

Adoro estos lapsos de vida
en que uno es uno con la carne
con el tiempo, con las cigarras

Adoro las fracciones de la existencia
conectado al cosmos, donde todo gira
en la profunda droga que es la sonrisa

la felicidad es algo interior
(decía trilladamente ayer)
hoy insisto: vivo en el Int. 1

Me basta estar despierto
—el sueño es una forma de la muerte—
para estar despierto y vivo y coleando

Creo que puedo llegar lejos, lejos
volando y recitando
Recitando y muriendo

Uno es tan sólo la flama encendida
de cierto punto luminoso
en que arde la memoria

Las ciudades son el territorio del hombre

Las ciudades son el territorio del hombre
por ellas vaga y se espanta
bebe al descuido y a la impotencia

Cruza las calles y se corta las venas
transpira el hollín, se moja los zapatos
vuelve el rostro a la historia

Se malforma un carácter
que de cualquier manera no le pertenece
se angustia y se lamenta

Andar es el precipicio por donde marcha
a la locura, a la pulcritud del vacío
—su vida es una morada de frágiles naipes—

De substancias enlatadas se alimenta
por eso no hay abonos fértiles ni sombras verdes
o verdaderas alquimias que lo transformen todo

La vida del hombre es una putrefacción anticipada
una corrosión estereotipada y amañada
llena de llagas y dogmas perecederos

La humanidad está fornicando con el suicidio
se alaba a sí misma en nombre del propio hombre
y me da risa, me jacto de no pertenecerle

Me levanto
le cambio a alguien una moneda por unas monedas
Me sirvo un vaso de leche

Cojo de la alacena blanca un paquete de galletas
y vuelvo para escribir estos mini detalles
que me vuelven etéreo y sigo volando

Porque el viento pega en mi rostro
aunque no me mueva
y siga soñando la mismidad que me viene

Estoy ausente, leyendo la inmortalidad de Kundera
en esta mañana tierna ¡sí, es posible llamarle así!
lo atestiguan: la chica que me gusta a estas horas

los durmientes pasajeros del metrobús
las gentes (¡sí, se puede escribir así!) del otro lado del teléfono

Ayer pasé tres horas, muy pocas, lo sé
escuchando por internet a poetas hispanoamericanos
Muy dignos, muy aguerridos con su palabra

En esta vaporosa nube en que convergen
Kundera, la chica que me gusta por las mañanas, los dos Efraínes: Huerta y Bartolomé, Girondo, Vallejo

Sabines, Paz, Neruda, Nandino, Benedetti, Martí
Cernuda, Alonso, Machado, Cardenal y el puñado de amigos poetas que aún gozan de ser desconocidos

Aquí, en esta luminosa soledad
es que me acerco a la dicha de estar ausente
me siento vivo en los minúsculos detalles

Mis sentidos aparentan fortalecerse
veo mejor, aspiro formidablemente los aromas
mis manos tocan de mucho mejor manera

Y en todo ello, revuelto, admiro la vida
(incluso la mía) y me regocijo
porque hay poesía, poetas y gentes
y una chica que me gusta, y hay aire
Puedo leer lo que se me antoja
y tomar leche, acabarme las galletas
sin nadie que me vea
No tengo sueño (detesto tener sueño)
siento la piel erecta y el ánimo resuelto

En tanto mi cabello viaja al Sur
en una feliz caída libre
en una casualidad que me permite
estar alegre aunque el mundo, ya se sabe
me lo prohíba; incluso se enoje porque lo estoy
Pero qué importa, si yo aún gozo
de la inmortalidad y del derecho —irreductible—
a Volar
Porque si yo aprendí a volar
fue precisamente para eso: volar